El adiós del Tepeyaco…

¿Por qué se cerró el ciclo de los Guajardo Anzaldúa en Río Bravo, Tamaulipas?..
¿Qué diferencia existió entre Juan Antonio y Diego?..
¿Podrá recomponerse la dinastía?..
¿Qué futuro le depara al niño del Tepeyac?..
Dicen los expertos que el poder corrompe; y el poder absoluto, corrompe absolutamente. No es del todo cierto en el caso del Niño del Ayate, pero algo hay de ello: el desgaste –paulatino, pero cada día más evidente- transformó a Diego de un dirigente político de amplios consensos a un representante social de achicadas simpatías.
Su afán por incumplir compromisos, fue quebrando con las coaliciones sociales y políticas que en el pasado lo llevaron a ganar la alcaldía con mucha holgura. Se movió con desparpajo, con el PAN, con el PRI y con el PRD. Copió fiel y exactamente, la estrategia de su hermano Juan Antonio y le funcionó a la maravilla por casi ocho años en que gobernó como presidente municipal al pueblo que lo encumbró.
A tanto llegó su confianza en su liderazgo, que fue desprendiéndose de la comunidad: se fue a vivir a Mission, Texas y desde allá gobernó sin que la ciudadanía le hiciera algún reclamo.
La evidencia de la quiebra del bloque opositor que le acompañó siempre, fue la candidatura de su primo Rolando Anzaldúa que optó por ser el mismo candidato a la alcaldía por MORENA. Este ciudadano, hoy converso lópezobradorista, fue uno de los financieros más recurrentes en las campañas de Diego. Igual pasó con Edgar Melhem –y su grupo-, y otros cuadros priístas que lo abandonaron a su suerte ante la soberbia de un candidato que pensó seguía con las simpatías completas en la ciudad.
Al Tepeyaco, le faltaron las luces de Juan Antonio. Éste, supo adherirse a personajes de la política nacional que le apoyaron en coyunturas locales; aquel, apenas llegó a conectarse con ciertos actores locales que en los momentos críticos poco pudieron definir a su favor.
Juan Antonio, tuvo vínculos con secretarios de la Presidencia de la república y con miembros del Gabinete presidencial. Diego, apenas logró ponerse a la sombra de Egidio Torre Cantú. (Que lo abandonó a su suerte en esta trepidante elección, del 2018).
Re-articular la dinastía se ve muy cuesta arriba. Las evidencias de corrupción del Tepeyaco, están a la vista: ha administrado más de 3 mil millones de pesos en la ciudad y no se ven por ningún lado.
Aparte: la administración estatal, tiene puesta la lupa en su ejercicio presupuestario.
Y a juicio de los sabuesos, tienen más que documentos para turnar a la Procuraduría de Justicia.
En otras palabras: si pensaba protegerse en MORENA como candidato o como militante, su destino puede adelantarse y dinamitar su salto al vacío.
Y otra más: se ve complicado que los dirigentes fundacionales del lópezobradorismo metan la mano por él.
El futuro del Tepeyaco se percibe nebuloso, oscuro.
Construyó muchos enemigos en la administración estatal panista. Se mofó del Ejecutivo estatal. Cuando más macizo se sentía en la alcaldía, enviaba mensajes de burla y de reto –muchos de sus videítos chistosos, así eran recibidos en la capital del estado- al gobernador y sus representantes.
En corrillos de la Procuraduría, se asegura que podría ser el primer ex alcalde en pisar la cárcel por motivos de excesos con el erario. Ello lleva a pensar, que el Tepeyaco tomará el exilio en Texas con filosofía y se irá a reproducir su fortuna como los nuevos ricos tamaulipecos: mediante la sencilla y feliz técnica de cosechar intereses, de sus dólares bancarios.
Él se siente contento.
Mucha de su fortuna, la ha invertido en modernizar los negocios de su familia en la región.
Deplorable fin, de un dirigente popular, que se atavió sórdida y sorprendentemente en un delincuente internacional…

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