LA PRENSA JUSTIFICA EL DOMINIO DEL PODER MASCULINO: ACADÉMICOS DE LA UAM

*El periodismo tiene que ir más allá de la construcción de ideología y buscar el valor de uso social
del conocimiento
La violencia de género es causa de la desigualdad que se produce por estructuras
patriarcales y se asienta siempre en un espacio de discriminación, sostienen los
doctores Marcela Suárez Escobar y Carlos Humberto Durand Alcántara,
investigadores de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM).
En el artículo De la feminización y sexualización de la violencia al feminicidio.
Medios escritos y violencia, explicaron que este fenómeno está relacionado con la
marginación de un determinado grupo social respecto de otros individuos que
ocupan una posición de subordinación en la comunidad.
La ejercen varones hacia mujeres y puede tener como resultado un daño o
sufrimiento físico, sexual o psicológico; una cuestión social con repercusiones
graves para ellas cuya vida y libertad se ven puestas en riesgo.
No sólo es un problema de seguridad sino de desigualdad, poder y de ejercicio de
los derechos, porque existe una construcción social que supone a las féminas
como seres sobre los cuales puede practicarse con modos e intensidades
diversas, incluyendo violación, abuso sexual, acoso en el trabajo y en otros
lugares, así como trata de mujeres, prostitución forzada y finalmente feminicidio.
La violencia de género, advierten, se reproduce a través de patrones culturales y
sociales y se manifiesta en legislaciones, normas y valores, por ejemplo, en
México existe una intimidación institucional de la que la prensa participa con
diversos actos u omisiones, al justificarla como natural.
La profesora del Departamento de Humanidades y el Coordinador de la Maestría
en Derecho de la Unidad Azcapotzalco coinciden en que la prensa es un sistema
de signos que construye realidades, pero en estrecha dependencia con los
consumidores y los actores sociales.
Además impone valores porque los medios crean significados culturalmente
constituidos, y como poder erige un saber y un discurso que lo respalda. En
general la prensa escrita mexicana crea y difunde prácticas discursivas que
justifican el dominio del poder masculino, así como creencias sobre los roles de
género y sobre otros conceptos como el amor, el matrimonio, la sexualidad, el
aborto, la moda y la belleza.
Los investigadores reconocen que sin negar la existencia de algunos pocos
órganos críticos y honestos, en México se convive con el llamado periodismo
vacío, aquel que fragmenta la realidad en escenas sueltas sin contextualizar los
acontecimientos, que desestructura los argumentos y emplea la anécdota y no el
análisis estructural, además de que espectaculariza la información apelando más
a la capacidad de emoción del mensaje que a su valor de verdad.
También se caracteriza por dramatizar enfatizando el impacto sin importar nada
más, por priorizar la fabricación del acontecimiento aunque se mienta o fabule, y
por enfocarse en el presentismo y en la figuratividad, en donde cuentan sólo las
apariencias de los fenómenos.
En el texto publicado en la revista Fuentes Humanísticas –editada por el
Departamento de Humanidades de la Unidad Azcapotzalco– los especialistas
señalan que se está dando espacio a la desinformación que, ya sea por
enajenación o corrupción, es construida por el aparato gubernamental y
fomentada por la mayor parte de los medios, entre ellos la prensa escrita, que en
una esfera de equívocos accidentales o intencionados ha contribuido a la
construcción de la cultura de la violencia.
Para erradicar el problema se puede difundir la idea de la necesidad de una
sociedad de la información porque toda comunidad tiene derecho a noticias
veraces, independientemente de intereses o políticas. Es posible pugnar por la
eliminación de la promoción de la agresión y por el cambio hacia la mirada de la
paz, promoviendo la existencia de una colectividad crítica y sensible para el
beneficio común.
El periodismo tiene que ir más allá de la construcción de ideología y buscar el
valor de uso social a través del conocimiento, además de convertirse en una
profesión de significación y no sólo de expresión, que luche por la erradicación de
la violencia y con ello también de la de género, finalizaron.

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