De tortero a millonario…

La suerte está echada para el candidato del PRI a la alcaldía victorense, Oscar Almaraz Smer.
Si gana, enfrentará un escenario hostil: un Presidente de la república distante –su candidato Pepe Meade anda por los suelos-, que difícilmente abrirá la caja de caudales –como lo han hecho los colaboradores del Presidente Peña Nieto- para financiar una ciudad administrada por un avieso personaje de la política tamaulipeca.
Y localmente, tendrá que ver la cara a un gobernador panista que lo desprecia financieramente y lo acorrala para asfixiar las estructuras priistas que sobreviven penosamente en la capital del estado.
Si pierde: se le irán de las manos los privilegios de tener la protección política de ser alcalde, lo que lo podría poner en la lupa de las Justicias mexicana y norteamericana.
La ambición le ganó a Almaraz.
Es el más destacado sobreviviente, del podrido grupo político que capitaneó el ex gobernador Eugenio Hernández Flores. Lo había hecho bien. Su perfil discreto, cauteloso, lo mantenía fuera del escrutinio de los brazos de la justicia tamaulipeca, mexicana.
La codicia, tocó el corazón del alcalde y busca la reelección.
Eligió el camino incorrecto.
Si gana la elección, perderá los apoyos de los gobiernos federal y estatal.
Si pierde la elección, ganará –muy probablemente- una celda contigua a la de Geño en el convulso penal de Tamatán.
A contrapelo de los merolicos de la libre empresa que ven en todo ganar-ganar, Oscar tiene en su futuro una amarga disyuntiva: perder-perder.
Gana la alcaldía; pierde apoyos político-administrativos de los gobiernos estatal y federal.
Pierde la alcaldía; gana un incómodo catre, en la infecta cárcel capitalina.
El ex Secretario de Finanzas de la administración estatal que capitaneó Hernández Flores, tiene ante si, un futuro oscuro y borrascoso.
Será otro ejemplo de los penosos procesos de descomposición de la clase política tamaulipeca.
Geño, de constructor quebrado, pasó a ser propietario de una fortuna de más de 5 mil millones de dólares.
Yarrington, de humilde estudiante de Economía, se transformó en un magnate con dineros depositados en cuentas –se calcula en algunos 7 mil millones de dólares su capital- en bancos de buena parte del mundo.
Y Oscar Almaraz, de modesto vendedor de tortas y hamburguesas, brincó a ser el hombre más rico –nomás mil mil millones de dólares- de Ciudad Victoria y sus alrededores…

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